El cuaderno de dibujo
Regreso a mi hotel, agotado después de pasar mi primer día en esta maravillosa ciudad. ¡Por fin he podido hacer este viaje, soñado tantos años y tantas veces pospuesto! El momento en que llegué a la estación a primera hora de la mañana, tras un madrugón de aúpa, aparece lejano en mi memoria. Ha merecido la pena. Me ha encantado todo lo que he visitado. Incluso la última parada en la exposición temporal de arte digital y futurista que me habían recomendado y que no parece combinar muy bien con esta ciudad antigua. Me ha sorprendido muy gratamente. Aunque he de reconocer que casi caigo en brazos de Morfeo en la sala a oscuras durante la última proyección. Antonio, el afable recepcionista al que conocí esta mañana, sigue en su puesto al otro lado del mostrador. —¿Qué tal su primer día en nuestra ciudad? —Muy bien. Y gracias por la recomendación del restaurante en la calle San Matías. Era justo lo que buscaba, algo sencillo y con sabor local, alejado de las rutas turísticas —añado. —Si qui...