Un ataúd bajo el océano
¿Quién se podría imaginar que iba a conocer mi sepulcro antes de morir? Llevamos tres días enterrados bajo el peso del océano. ¿O son cuatro? Hace mucho que perdí la noción del tiempo. Lo único que puedo hacer es rezar… pero no soy creyente. Me siento como un hipócrita. Pretendo creer que mañana estaré en otro mundo, que volveré a ver a mis padres. Perdí mi fe años atrás. Al menos esta disputa interior me distrae momentáneamente de la agonía que me invade cada vez que pienso que el final está cerca. Todo arrancó a principios de año. El día de mi cumpleaños. Alejandra me hizo un regalo que no me esperaba. No era la primera vez que me regalaba experiencias que compartíamos juntos. Su espíritu aventurero supera con creces al mío. Es una de las cosas que siempre me atrajo de ella. No puso sobre la mesa del restaurante un paquete voluminoso, sino un sencillo sobre. Dos pasajes para una excursión submarina que tenía como destino los restos del Titanic, posados a cuatro mil metros sobre el ...