El sueño eterno en Madrid (primera parte)
Jaime Ruiz ha quedado a comer hoy con Alberto Simmonet en un restaurante al lado de su despacho. Alberto es detective privado. No lo conoce. Se lo ha recomendado su amigo Ramón, que ya ha requerido sus servicios en más de una ocasión. Bueno, no exactamente él, sino la empresa para la que trabaja. Siempre ha quedado satisfecho. Las referencias de Jaime sobre el gremio detectivesco vienen de las novelas policiacas o de las películas de cine negro. La realidad debe ser menos glamurosa y nada romántica. El restaurante lo ha elegido Alberto. Jaime hubiera preferido una primera cita más formal, en la intimidad de su oficina. Pero fue Alberto quien propuso que se reunieran aprovechando la hora de la comida, aduciendo que era el único hueco que le podía ofrecer. De hecho, aceptó recibirlo sólo porque venía de parte de Ramón, que debe ser uno de sus mejores y más antiguos clientes. No era consciente de lo demandada que está la profesión. El restaurante carece de todo encanto. Es el típico local...