Carretera en el desierto
Entro en el oasis de luz de la recepción del hostal. Dejo tras de mí el temporal, que arrecia en el exterior. Un hombre calvo de mediana edad se encuentra detrás del mostrador. —Buenas noches —me saluda el recepcionista. Me recuerda a un cantante de rock de los años setenta, cuyo nombre no consigo recordar. —Buenas noches. ¡Vaya nochecita! Pensaba que no lo contaba. ¡Casi pierdo la bicicleta por el camino! A punto ha estado de descolgarse del soporte. —Sí. Hoy está soplando de lo lindo. Últimamente estas tormentas de arena repentinas ocurren con mayor frecuencia a última hora del día. Pero no se preocupe. Mañana seguro que amanece con un sol espléndido. —Ojalá. ¿Tienen habitaciones libres? No tengo reserva. De hecho, me dirigía a otro hotel, pero en estas condiciones era mejor no seguir conduciendo —Sí, claro. ¿Cuántas noches se quedará con nosotros? —Dos. He venido para hacer rutas por el desierto con mi bici. ¿Tienen un espacio donde pueda guardarla? —Por s...