El último golpe
Julio Araújo lleva años sin
ejercer su oficio. Diez para ser más precisos. Sus múltiples trabajos le
permitieron amasar una modesta fortuna. Reside en un lugar idílico, construido
sobre la falda de una montaña cuyas laderas mueren en el Mediterráneo. Las
vistas hacia el mar desde su enorme terraza dejan sin respiración a sus escasas
visitas. Los alrededores son igualmente espectaculares. Un frondoso bosque de
pinos, sabinas y enebros rodea la edificación. El pueblo más cercano se halla a
siete kilómetros, después de sortear innumerables curvas por una carretera
estrecha. Es el lugar idóneo para pasar desapercibido, el objetivo que buscaba
tras concluir el que pensó que sería su último atraco.
Después de la llamada que ha
recibido hoy podría pasar a ser el penúltimo.
Julio Araújo es un ladrón de
arte por encargo. Trabaja para marchantes sin escrúpulos que colocan las obras
robadas a coleccionistas de los cinco continentes, a quienes nunca llega a
conocer. Siempre actúa solo. Es una profesión arriesgada y bien pagada al mismo
tiempo. Algunos de sus delitos ocuparon las portadas de los periódicos durante
semanas.
El golpe que perpetró antes
de su retiro dorado estuvo a punto de costarle la vida. El vigilante que
protegía el chalet del que huía le hirió de un disparo. En sus brazos portaba
enrollado un lienzo de un maestro del impresionismo francés. Un mal cálculo en
el intervalo de tiempo hizo saltar la alarma y lo dejó al descubierto. Logro
escapar milagrosamente en su automóvil. La sangre brotaba sin control del
orificio causado por la bala en el hombro. Tardó meses en recuperarse. El
tiempo que estuvo postrado en una cama le hizo reflexionar. Había llegado la
hora de dejarlo.
Uno de los últimos tratantes
para los que trabajó le acaba de hacer una nueva propuesta que no puede
rechazar. Nada menos que la sustracción del retrato del príncipe don Carlos de
Austria del Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Una joya del siglo
XVI de un valor histórico incalculable. El príncipe era hijo de Felipe II y sobrino
de la fundadora del monasterio, Juana de Austria. El importe que va a recibir si
consigue entregar el cuadro supera con creces al de todas sus misiones
anteriores. Echa de menos la adrenalina que acompaña tanto la preparación como
la ejecución de un trabajo de esta envergadura. No hay sensación que lo iguale.
Es el momento de volver a la acción.
El convento va a estar
cerrado al público durante casi un año para acometer la restauración de la
capilla donde se ubica el sepulcro de la princesa Juana. El delincuente de
guante blanco tendrá tiempo suficiente para organizar su nueva misión.
*****
Han transcurrido varios meses dedicados a una preparación concienzuda. Cientos de horas empleados en revisar con minuciosidad hasta el último detalle. Julio está seguro de haber encontrado un plan sin fisuras para llevar a cabo el robo. Vuelve a sentir una euforia que ya no recordaba. Se siente rejuvenecido.
Accederá al recinto
monástico a partir de un conducto de aire acondicionado que se encuentra en el inmueble
contiguo, el Colegio Oficial de Aparejadores. Pasa a treinta centímetros de uno
de los claustros. No le ha costado mucho conseguir los planos de todas las
instalaciones. Deberá penetrar sorteando dos rejillas motorizadas que accionará
para su apertura desde el cuadro eléctrico situado en el primer piso. Es una
maniobra sencilla. Una vez dentro de la red, tendrá que realizar un butrón para
salvar esos últimos centímetros que le separan del edificio histórico. El día
elegido es el último domingo de marzo. Es el anterior a la Semana Santa. Los
trabajos de restauración se verán interrumpidos hasta el Lunes de Pascua. De
igual forma, durante esos días la vigilancia del monasterio se reduce a un único
efectivo posicionado en el acceso principal, muy alejado del agujero de entrada
y del pasillo donde cuelga el retrato.
Julio es extremadamente
meticuloso a la hora de sopesar el riesgo de sus acciones. Lo confronta con el
beneficio que le reportarán. Nunca lo ha visto tan claro. Está convencido de
que las posibilidades de acabar entre rejas son casi nulas. Ha repasado el proyecto
cientos de veces hasta el último pormenor. No alberga duda alguna de que saldrá
airoso.
*****
—Pues con ganas de volver,
la verdad. Cada vez aguanto menos a mis cuñados. Y esta vez han sido demasiados
días de convivencia.
—Te entiendo. Yo hace años
que sólo los veo en navidad. La salud de mi matrimonio ha mejorado una
barbaridad.
—Y encima estuvimos a punto
de cancelar el viaje a causa del apagón. Tuvimos suerte de que nos
reprogramaran el vue…
Juan no ha acabado de pronunciar
la frase cuando los dos técnicos se encuentran frente a un agujero de casi un
metro de diámetro horadado en la pared del claustro. Restos del adobe
centenario aparecen esparcidos por el suelo.
—Pero, ¿qué coño es esto?
¡Joder! Ve a buscar al guardia jurado. ¡Rápido!
Mientras su colega se aleja
hacia la entrada, su instinto le dirige hacia el pasillo de los retratos. La
visión de un marco vacío tirado en el suelo confirma sus temores. El retrato
del príncipe que nunca llegó a reinar ha desaparecido.
Una hora después, dos
inspectores de la Brigada del Patrimonio histórico penetran provistos de
linternas por el túnel excavado días atrás. No pueden avanzar mucho. A escasos
quince metros se topan con una reja metálica que les impide el paso. Al otro
lado, la luz de los focos que atraviesa las rendijas les descubre un cuerpo inerte
abrazado a un lienzo enrollado.
Araújo se convierte en la
víctima mortal número seis a causa del histórico apagón. Ya prácticamente se
habían cerrado las estadísticas oficiales del fatal evento. La policía
dictamina que las rejillas motorizadas se cerraron por la falta de electricidad
cuando el país se quedó a oscuras. El ladrón quedó atrapado en el conducto
convertido súbitamente en una ratonera. Sin salida por ninguno de los dos
extremos.
Nadie lo había echado de
menos hasta ese momento en su pueblo de residencia, al sur de las Alpujarras. Ni
siquiera al aparecer su rostro en la primera página de los diarios, sus vecinos
son capaces de reconocerlo.
Julio Araújo no pudo prever que
un suceso sin precedentes en España desbarataría el plan milimétricamente
concebido del que iba a ser su último golpe. Sus meticulosos cálculos no pudieron evitar que
acabara entre rejas.
👌me gustan mucho, ánimo y a seguir!
ResponderEliminarMuchas gracias, Raquel
EliminarMuy bueno, no vi venir ese remate!
ResponderEliminar¡Gracias, Savi! Consecuencias no tan evidentes del apagón. Seguro que en la vida real también hubo buenas historias... aunque espero que con finales menos trágicos.
Eliminar¡Me encanta!
ResponderEliminarMuchas gracias, Cris
ResponderEliminarEl apagón!!! Joooder ..., je,je, no había previsto la incompetencia ... en fin! Muy bueno
ResponderEliminar¡Cuántas historias ocurrieron aquel día que superan la ficción! Gracias, Nacho. Por cierto, tengo uno con temas náuticos. Te pediré opinión para los detalles técnicos. Jajaja
ResponderEliminarSi, me ha gustado!
ResponderEliminarMi vuelo hoy ha sido mucho más ameno ! Ese final...
Gracias Jorge!
¡Me alegro, Marta! Gracias por comentar
EliminarMe ha gustado la historia Jorge. Ánimo con esa nueva afición.
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Fernando!
EliminarMuy bien escrito Jorge! A por el siguiente !!!
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Bea! La semana que viene, nueva entrega
EliminarOle Jorge! No conocía esta faceta tuya y me encanta! Deseando leer el siguiente
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Nieves! Espero que el siguiente no defraude
ResponderEliminar¡Bravo! Me ha gustado tanto como el anterior. Tus relatos tienen mucho ritmo y eso engancha. Así que si te animas a escribir una novela, prometo leerla 😉
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Susana! Lo de la novela son palabras mayores, pero prometo intentarlo
EliminarSorprendente desenlace! Ya sabes lo que te digo siempre... quiero leer más 😉!
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Elena!
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarQue historia más original y, sobre todo, qué bien contada está.
ResponderEliminarEnhorabuena Jorge
Muchas gracias, Kontxi. Me alegro que te haya gustado
EliminarCuidado Jorge, empezaste con el juego, ahora con el apagón... te estás acercando a las cloacas y al mundillo de las saunas y prostitución, no te vayas a quemar jjjjjjjjj
ResponderEliminarJajaja. Está claro que habrá que cambiar de tercio en la próxima entrega
EliminarMe ha encantado!! No lo vi venir…voy a por el tercero…besos!
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Bea! Espero que te guste también
EliminarMe ha encantado Jorge, me ha enganchado, muchas gracias por este pildorazo!!!
Eliminar¡Muchas gracias, Jorge! Espero mantener el nivel en los siguientes
EliminarMuy buen relato de nuevo... ademas basado en escenario real ya que el Monasterio esta al lado del Colegio que citas... Sigue asi!
ResponderEliminarEstuve visitandolo hace poco. Merece mucho la pena. Me alegro que te haya gustado. Abrazo
EliminarHoy me he enganchado a una "nueva pasión" que va ser/es leer tus relatos. No se lo que vendrá a partir de aquí, pero el comienzo ha sido brillante. Aúpa!
ResponderEliminarMuchas gracias, Antonio! Me alegro mucho de haberte enganchado como seguidor. Un abrazo!
EliminarMuy bueno!! En otro país sí que tomaría en cuenta los apagones jejejej pobre julio…
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