El sueño eterno en Madrid (segunda parte... y final)
A Alberto no le cuesta
trabajo reconocer a Juanjo, sentado con su mujer en las primeras filas de una
capilla abarrotada de gente. Ambos parecen abatidos. Cuando tras la ceremonia Juanjo
se abraza a la viuda de Jaime, sus gestos parecen sinceros, sin ningún atisbo
de impostura. Alberto no lo ve capaz de participar en el supuesto asesinato de
su socio. El detective no encuentra nada anormal entre el resto de los asistentes
al sepelio.
Se despide de Ramón. A
la salida, la lluvia otoñal arrecia. Alberto se encamina en su coche por la
M-40 a reunirse con Luis Peña. Luis es inspector de policía y buen amigo. Se
conocen de toda la vida. Luis ha actuado como informante de Alberto en el
pasado, haciendo uso de su acceso a las bases de datos de la policía. Nunca le
ha cobrado nada por ello, a pesar de jugarse el puesto si llegaran a enterarse
sus superiores. Alberto le ha correspondido en varias ocasiones. proporcionándole
información valiosa que le ha servido para resolver algunas investigaciones
policiales. Sus años de profesión le han permitido tejer una red de contactos
en muchos ambientes a los que la policía no tiene una entrada tan directa.
Llevan mucho tiempo prestándose favores mutuos. Hoy le quiere pedir a Luis que
identifique a la amante de Juanjo a partir de las fotos.
Alberto circula por la
autopista de entrada a la ciudad con los limpiaparabrisas a máxima velocidad. Un
súbito y brutal impacto en la parte de atrás del coche le despierta de su ensimismamiento
sobre el caso. En segundos puede sentir una segunda acometida. Se aferra al
volante para no ser expulsado de la carretera a más de cien kilómetros por
hora. Por el retrovisor puede ver un coche oscuro de alta cilindrada. Advierte
que se prepara para embestir de nuevo. No es capaz de distinguir a sus
ocupantes a través de los cristales salpicados por la intensa lluvia. Mucho
menos identificar la matrícula. El tercer embate es el más fuerte de todos. Se
produce justo antes de tomar una curva donde el límite de velocidad se reduce
significativamente. Alberto pone en juego toda su pericia al volante. Aun así,
no puede evitar que su coche impacte violentamente contra el guardarraíl instantes
después. El airbag le salva la vida.
Todavía aturdido por la
sacudida que ha sufrido todo su cuerpo, Alberto puede distinguir las sirenas
del coche de la guardia civil que estaciona unos metros más adelante. En ese
momento pierde el conocimiento. Un telón negro cae sobre su cabeza.
***
Horas después Alberto abre
los ojos en una cama en el hospital Ramón y Cajal. Tiene todo el cuerpo
dolorido y una terrible sensación de presión en la cabeza, a pesar de todos los
calmantes que le han inyectado. Oye su nombre pronunciado por una voz familiar:
—Alberto, ¿cómo te
encuentras? —le interpela Luis Peña, levantándose del sillón situado al lado de
la cama.
—¡Ufff! Siento que la
cabeza me va a estallar. Nunca me ha alegrado tanto ver tu cara de sabueso,
Luis. ¿Qué es lo que ha pasado? Debí perder el conocimiento después del choque.
—Según testigos, un
coche intentó sacarte de la carretera de forma intencionada. A la velocidad que
circulaba, nadie ha podido identificar su matrícula. Mis compañeros en la
unidad están trabajando en el visionado de las cámaras de la autopista, aunque intuyo
que no vamos a llegar muy lejos por esa vía. Parece obra de profesionales. Seguro
que las placas estaban difuminadas o el coche era robado. Esta gente sabe muy
bien lo que hace y no suele cometer errores.
—¡Cabrones! Por un
momento pensé que había llegado mi hora.
—Tuviste suerte de que
llegara el coche de la benemérita. En muchos casos, son sicarios que viajan en
un segundo coche quienes rematan a la víctima dentro del automóvil siniestrado.
¿Tienes idea de quién puede desear quitarte de en medio?
—Creo que todo está
relacionado con el caso que me ocupa desde hace unas semanas. Precisamente estaba
yendo a verte para pedir que identificaras a una de las personas clave.
En ese momento, Alberto
recuerda que llevaba las fotos en un sobre sobre el asiento de su coche. Intenta
incorporarse de manera instintiva.
—Tranquilo, sé lo que
estás buscando. Nuestros colegas de la guardia civil de tráfico me han hecho
llegar todas tus pertenencias. —Luis le muestra a Alberto el sobre arrugado por
el efecto de la lluvia. —Las fotos están intactas. ¿Quiénes son? ¿Qué quieres
que haga con ellos?
Alberto le pone en
antecedentes sobre el caso y la anómala muerte de Jaime. Le explica que las
fotos son de Juanjo y su amante, a la que quiere identificar con su ayuda.
—Tengo los ficheros en
alta resolución en el ordenador de mi oficina. Pediré que te los envíen mañana
a primera hora. A ver si encuentras algo.
Alberto abandona el
hospital al día siguiente, en contra de la recomendación de los médicos. Firma el
alta voluntaria. El caso le tiene obsesionado. Necesita pasar a la acción.
Justo esa tarde, Luis
le envía un correo electrónico con toda la información sobre la misteriosa
amante de Juanjo. Recibe su llamada antes de que pueda terminar de revisarla.
—Parece que tu famoso
instinto no te ha fallado. La mujer de las fotos se llama Alejandra Lago,
nacida en Panamá. Ella también está engañando a su marido: Carlos Luján, originario
del mismo país y residente en Madrid desde hace más de veinte años.
—No me suena ninguno de
los dos —replica Alberto mientras ingiere el cuarto analgésico del día.
—Él es un importante
hombre de negocios, que siempre se ha mantenido en la sombra, parapetado tras
una maraña de sociedades interpuestas. Existen muchas dudas sobre el verdadero
origen de su dinero. No encontrarás ninguna reseña suya en los medios públicos.
Pero es una de las mayores fortunas de este país. Ha estado envuelto en
numerosas investigaciones, tanto aquí como en Panamá o Estados Unidos, pero no
se ha podido probar nada. Y lo que es más llamativo, nunca se ha filtrado nada a
la prensa. Llevan quince años casados y alejados de los focos al mismo tiempo
—Luis le traslada un rápido sumario de todo el expediente que acaba de
recopilar.
—Parece que Juanjo no sabe
bien dónde se está metiendo. Acostarse con esa mujer es jugar a la ruleta rusa
—reflexiona en alto Alberto.
—¡Justo! Por eso lo que
no me cuadra es que los accidentados hayáis sido tú y Jaime Ruiz, en vez de
Juanjo.
Alberto sigue dándole
vueltas a su cabeza, a pesar del dolor intenso que le acompaña desde el
accidente. No puede parar.
—A no ser que… el señor
Luján no tenga conocimiento todavía de que es un cornudo. Y su querida mujer
quiera evitar a toda costa que se entere. Ahí es donde me cruzo yo en su camino
y casi no lo cuento. Recuerdo casos similares en el pasado.
—Tiene sentido —admite el
policía al otro lado de la línea.
—Creo que voy a hacer
una visita a Juanjo, antes de que todo esto se complique aún más.
***
Alberto se presenta un
día después sin cita previa en la oficina de Juanjo. Transmite a la secretaria que
su visita tiene relación con la muerte de Jaime, el otro copropietario. En unos
instantes está sentado ante Juanjo en su despacho. Coloca las fotos encima de
la mesa y le resume todo lo acontecido desde el momento no tan lejano en que
recibió el encargo para que lo investigara. La cara del empresario no puede ocultar
una perplejidad creciente a medida que el detective avanza con su relato.
—Juanjo, no soy una
persona que se ande con rodeos. He venido para darte el único consejo que puede
salvarte la vida. Tienes que dejar de ver a esa mujer, o acabarás como tu socio…
o como casi acabo yo, si no llegar a mediar la fortuna. Te has mezclado con un
mundo muy turbio y tienes que salir cuanto antes.
—¿Quién más tiene las
fotos o está al tanto de mi relación?
—Sólo yo y un colega
del oficio de total confianza. No tuve tiempo de trasladar a Jaime el resultado
de mi investigación. Él nunca llegó a saber nada.
Juanjo se tapa la cara
con las manos, mientras su cerebro analiza todas las opciones antes de tomar
una decisión.
—De acuerdo. Creo que
no tengo elección. Tendré que desaparecer durante un tiempo… y darle una excusa
creíble a mi mujer. No querría arruinar mi matrimonio después de todo.
—Vaya. Está bien que
ahora te acuerdes de ella. —Alberto no puede esconder un tono de reproche en su
afirmación.
—Hay una cosa que no
entiendo —le interrumpe Juanjo sin hacer caso a la crítica. Su cabeza sigue digiriendo
la situación. —¿Qué ganas tú con todo esto? Quien te pagaba las facturas ya no está
entre nosotros.
—Juanjo, aunque no lo
creas, no todo en la vida es dinero. Para que yo haga desparecer las fotos
tendrás que hacerme un pequeño favor a cambio. Le comprarás a la viuda de Jaime
su parte de la empresa por un precio justo, sin maniobras de vaciado o
manipulación del valor. Ella nunca sabrá nada de lo que tramabas contra su
marido, tu antiguo amigo.
Alberto sale a la calle
y enciende un cigarrillo. Exhala una primera calada y reflexiona sobre todo lo
ocurrido desde que aceptó este último caso. Concluye que un hombre ha tenido
que morir para que al final nada cambie. La marea del azar dejó a Jaime varado frente
a un acantilado sin salida. Juanjo mantendrá su parte de la empresa, ni más ni
menos. Y si no mete la pata, también su mujer engañada. Con estos pensamientos
se dirige hacia el restaurante al lado de su oficina, donde ha quedado a comer con
un nuevo cliente.
Llevaba días esperando la segunda entrega con el desenlace. Menos mal que llegó ayer por la tarde. Espero que estos quince días de sequía que se nos vienen los pueda llevar con calma. A descansar y coger fuerzas para las próximas historias
ResponderEliminarEn quince días, con más fuerza. Felices vacaciones!
EliminarMe encantó!!
ResponderEliminarEsperar 15 días para leer tus relatos es mucho …ya estoy enganchada!!
Gracias, Vini! Disfruta de tus vacaciones y más lecturas a la vuelta!
EliminarMuy bien Jorge! Me ha gustado mucho 👏👏. Deseando leer el próximo
ResponderEliminarMuchas gracias, Bea! Me alegro que te haya gustado
EliminarMe encanta como escribes Jorge!! Enhorabuena!!
Eliminar¡Muchas gracias, María!
EliminarEl buen detective, no solo resolvio el caso, sino que toco algunas conciencias. Me encanto!
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarGracias, Savi. En breve publico otra entrega con Alberto de protagonista
EliminarBrutal... me encanta el ritmo... necesito una novela....me sabe a poco los relatos.
ResponderEliminarMuchas gracias! Me alegro que te haya enganchado. Todo se andará para la novela. ¡Ojalá! De momento, prometo otra historia de Simmonet en próximas semanas
EliminarBravo, una vez mas desenlace final muy bueno
ResponderEliminarMuchas gracias, Nacho!
Eliminarmuy intrigante esta doble entrega de los otrora amigos Jaime y Juanjo.. Sigue asi Jorge!
ResponderEliminarMuchas gracias, Antonio! En breve otra entrega del detective Simmonet
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