La isla
Vuelvo a despertar con las primeras luces del amanecer. Una sensación de
claridad penetra en mi cabeza y activa mi cerebro. Coincide con un estallido de
ruidos cercano. La vida parece renacer un día más en esta isla en la que acabé
varado un atardecer lejano. El exterior luminoso acentúa mis tinieblas
interiores.
El ambiente me empuja a iniciar la marcha, pero mi voluntad me frena. El
tiempo sobra en este cosmos diminuto. No importa dilapidarlo.
Camino por la orilla para llegar poco después al punto de partida. En la
ruta no cruzo con ser alguno con quien comunicarme. Descanso sobre la arena mirando
el horizonte en busca de una señal que me saque del naufragio. Ya lo hice ayer.
Y antes de ayer. Y todos los días hasta donde alcanzan los recuerdos. Sólo
diviso una línea infinita que se torna cada vez más distante. Ninguna silueta
de un barco que me devuelva la esperanza.
Hoy ni la luz ni el fragor consiguen hacer que abra los ojos. Los
monstruos que pueblan este islote vinieron anoche a visitarme. Luché contra
ellos hasta casi despuntar el alba. Sólo la extenuación me cerró los párpados.
No puedo ponerme en pie. Hoy no pasearé descalzo por la playa. No otearé
el océano buscando la forma de una nave que venga a rescatarme.
Esta mañana una sensación extraña me rodea al levantarme. Un sueño raro impregnó
toda la noche. Retazos de la vida anterior a este destierro aparecían frente a
mí. Una falsa sensación de bienestar se apoderaba de mi espíritu. Cuando
desperté, la memoria se vació como el agua retenida entre los dedos. No consigo
recordar por qué estoy aquí. Algo debí hacer mal. Al fin y al cabo, soy el fruto
de mis actos.
Tengo que intentar escapar. Pero no sé de qué forma. Desconozco dónde
están los puntos cardinales. No ubico ninguna referencia hacia la que dirigir
mis brazadas. ¿Es mejor morir ahogado en el proyecto que continuar incomunicado?
Un día más en esta isla y acabaré sucumbiendo a la locura.
Cae la noche y por un momento mi mente se despeja. Hace rato que el sol
implacable me concedió una tregua. Un rayo de inspiración ilumina mis
pensamientos. Voy a escribir una carta pidiendo ayuda. La enviaré metida en una
botella que arrojaré desde la costa. Esbozo una sonrisa.
Esta noche he vuelto a tener un sueño. Abro los ojos y, todavía
aletargado, hago un esfuerzo por retener su contenido. Lo dibujo sobre la arena
antes de que se desvanezca.
Entonces me acuerdo de todo. No he llegado hasta aquí arrastrado por el
oleaje, ni agarrado a los tablones despedazados de un buque a la deriva. Vine
cruzando un puente. El puente que un día tú hiciste saltar por los aires. Quedé
atrapado en el extremo equivocado.
Amanece nuevamente. No es el sol quien me desvela, sino resplandores que
truenan a lo lejos. El cielo gris es desalentador. Me proporciona otra vez la excusa
para no pisar la playa. Hoy tampoco iré a avistar el confín de este universo.
El astro rey parece haberse ausentado para siempre. Ninguno de sus rayos
ha atravesado las nubes en las últimas jornadas. Ya no recuerdo cómo era la
espuma del mar al romper contra la orilla.
Un haz de luz cae sobre
mis ojos. El canto de un pájaro antes inadvertido se impone al resto de
sonidos. Dejo atrás el letargo y voy en
busca de las olas.
Ya desde la distancia
percibo algo distinto. Un objeto rompe la monotonía, única compañera durante esta
eternidad. Ya lo veo. ¡Es una botella con un papel en su interior! Mi corazón palpita
nuevamente. Alguien ha respondido a mi mensaje. Parece que no estoy solo. El remitente
muestra la forma de dejar atrás este pedazo de tierra anclado en medio de la inmensidad.
Sólo tengo que nadar sin desfallecer en la dirección adecuada. Mi destino está
escondido detrás del horizonte.
Mañana inicio el
regreso.
Consigues que el lector sienta angustia. ¡Qué versatilidad!
ResponderEliminarGracias Cris! Este al final acaba bien. Tenía que compensar finales trágicos de las semanas anteriores
EliminarEl horizonte es ese límite que permite la ilimitación de asomarse a otro horizonte (Araújo dixit). Me ha encantado tu relato
ResponderEliminarMuchas gracias, Jesús! Un sabio Joaquín
EliminarJoe... el regreso ...
ResponderEliminarVas tener que ayudar con una vela bien hinchada, Capitán. Jajaja
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