Barras en blanco y negro
Querido Antonio,
Sé que cuando leas esta carta
tu amor quizá se haya convertido en odio. No te culpo.
Nuestra relación era
imposible. Tú estás casado y vives en España. Aunque yo sea americana, mi entorno
tampoco la aprobaría. Al otro lado del océano también hay familias
conservadoras.
Te pido perdón por no haberme
despedido. Por haber salido de tu vida de forma precipitada, sin dejar al menos
un mensaje. Ava no me dio opción. Tuvimos que coger un avión a Roma con
urgencia. Los periodistas la acosaban. Los chicos de Frank también. La presión
era asfixiante y teníamos que escapar antes de que todo fuera a peor.
No me guardes rencor. Nunca he
conocido a nadie como tú. Recordaré toda
mi vida estos meses contigo. Te he querido.
Anne
***
Hoy he abierto la caja con los libros que me llevé de casa de mi abuelo
el día que la vaciamos. Han pasado más de dos años. Los malos recuerdos de
aquel día me impedían acercarme a ella.
Sentía curiosidad por conocer sus gustos literarios. Me ha llamado la
atención una novela en lengua inglesa. Al comenzar a hojearla, un sobre
retenido entre sus páginas ha caído al suelo. Tiene un membrete del Hotel
Excelsior de Roma. El matasellos apenas se distingue. He tenido que utilizar el
móvil como lupa. Año 1956.
Belleza, glamur, alegría… Este rincón de Madrid no parece España. Todos quieren estar aquí. Cuando salgo por esa puerta me sacude la dura realidad. Empiezo a contar las horas que quedan para volver a ponerme detrás de la barra. Les encantan mis cócteles.
***
Al comisario Suárez, Jefe de
la Brigada Político-Social.
Tras las labores de
seguimiento discreto realizadas sobre la actriz norteamericana Ava Gardner, se
concluye que no existen conexiones con elementos opositores al Régimen. No se
han podido establecer vinculaciones políticas de la Srta. Gardner.
No obstante, se constata que
sus actividades finalizan de forma reiterada en escándalo público. La conducta
desordenada observada en sus relaciones personales y su presencia habitual en
determinados establecimientos nocturnos pueden considerarse contrarias a la
moral y a las buenas costumbres.
Existe la clara posibilidad de
que tales comportamientos ejerzan una influencia perjudicial sobre determinados
grupos que frecuentan los mismos lugares de esparcimiento.
Se recomienda continuar la
vigilancia y extenderla a los contactos cercanos de la Srta. Gardner.
Lo que se pone en conocimiento
de V.S. para su superior criterio.
Madrid, 14 de abril de 1956.
Dios guarde a V.S. muchos
años.
El Inspector
que suscribe
José Andrés
Quintana
Dos jóvenes pasean de la mano por la calle del Amor de Dios. Hace
tiempo que la última sombra abandonó sus muros. La luz tenue de las farolas
actúa como cómplice. El sonido de las pisadas apenas se ve interrumpido por el
murmullo de su conversación.
—Me gustaría despertarme mañana y estar lejos de aquí contigo. Lo
dejaría todo.
—Creo que tienes más ganas de escapar de Madrid que de estar conmigo
—le responde la chica con una leve sonrisa.
—No es así. Es verdad que a tu lado esta ciudad deja de parecer un
hoyo gris. Seríamos felices aquí o en cualquier otro lugar. —Antonio no sonríe.
—Eres un idealista. Acabarías decepcionado en cualquier sitio.
—No, si estamos juntos.
—Sabes que es imposible. ¿Qué pasa con tu mujer?
—Lo arreglaré.
—¿Sí? ¿Cómo se arregla eso en España?
—No lo sé. Algo se me ocurrirá. —Su tono es sombrío.
—Disfrutemos del momento. Es lo único que importa. Cuando te pones tan
serio, ya no me gustas tanto.
Se detienen, se buscan con un abrazo y se encuentran en los labios.
Cuando reanudan la marcha, es Anne quien marca el paso.
Este es el tercer día que vengo a la Biblioteca Nacional. Las horas
vuelan visionando microfilms de las páginas de sociedad del Madrid de 1956 en
el lector. He encontrado fotos de Ava Gardner con todo tipo de celebridades:
actores, toreros, folclóricas. La mayor parte se reparten entre locales
nocturnos y la barrera de Las Ventas. Hay varias donde la acompaña una joven.
Las notas al pie la identifican como Anne Miller, secretaria personal de la
diva.
Hoy han venido los gitanos. Cuando hemos cerrado aquí, me han invitado
a ir a Villa Rosa. He pensado en Carmen.
Al traspasar el umbral me he sentido en un mundo ajeno. Una luz tenue,
filtrada a través del humo de los cigarrillos, difuminaba rostros atractivos. El
rasgueo de la guitarra y las palmas me han empujado a convertirme en uno de
ellos.
La actriz americana seguía los pasos y el compás de una bailaora
flamenca. Su presencia es magnética. Lo inunda todo. Lástima que beba tanto.
La joven que la acompaña a todas partes me ha reconocido. Se ha acercado
a mí. Tiene unos ojos preciosos y habla un español perfecto. Me ha pedido un
favor. Reducir la dosis de whisky en los combinados de su jefa. Le tendré que
hacer caso. Es la que se encarga de las propinas.
***
***
No percibieron el tintineo del llavero. Tampoco las pisadas secas sobre
los adoquines de la calle de la Libertad. La pareja estaba en otro mundo, refugiada en
la penumbra de una farola apagada. Fue el golpeo del chuzo contra el suelo lo
que les trajo de vuelta.
—¿No les da vergüenza? Venga, vamos, circulen. Cada uno a su casita.
No eran capaces de distinguir a su interlocutor. El foco de la linterna
los deslumbraba. Este sí vio claramente el estallido de la risa en los dos
rostros jóvenes al unísono.
—Si no quieren que llame a la policía por escándalo público, ya están
desfilando.
—Sí, sí. Ya nos vamos —respondió el joven después de recobrar la
compostura. Todavía llevaba puesto el uniforme. La pajarita asomaba por encima
del cuello del gabán.
Diez
minutos después seguían besándose en el interior de un portal que encontraron
abierto.
—Pareces un buen chico. Seguro
que no te vendrá mal ganarte unos duros.
—Ya les he dicho que no sé nada.
—La voz de Antonio reflejaba su cansancio. Debería llevar ya varias horas en la
cama. Carmen estaría más preocupada de lo habitual.
—Conocemos lo tuyo con Anne. Ella
sabe todo sobre su jefa. ¿Y nos estás diciendo que no te ha contado nada?
—Nunca hablamos de ella. Anne es
una persona muy discreta.
—Venga, hombre. Tú has salido
muchas noches con ellos. Lo habrás presenciado con tus propios ojos.
—Yo estoy trabajando. Bastante
tengo con preparar cócteles.
—¡No me jodas, chaval! Lo del
torero lo ha visto todo el mundo.
Dio un puñetazo sobre la mesa y se encaró con Antonio. El vaso de
bourbon con hielo volcó, derramando su contenido sobre el mantel.
—Déjalo, Frankie. Creo que
estamos perdiendo el tiempo —dijo uno de los otros dos hombres que habían
permanecido en silencio, apartándolo de la mesa mientras le ofrecía un Lucky
Strike.
HE CONOCIDO A UN HOMBRE STOP ANTONIO ES MARAVILLOSO STOP ME GUSTARÍA
QUE ESTUVIERAS EN MADRID Y LO CONOCIERAS STOP AVA NO ME DEJA UN RESPIRO STOP PREOCUPADA
POR SU SALUD STOP NO PARA DE METERSE EN LÍOS STOP TE ECHO DE MENOS
ANNE
—¿Dónde has estado hasta estas horas?
—Trabajando. Dejándome la piel
para poder llegar a fin de mes.
—¿Hasta las seis de la mañana? No hay ningún local abierto en todo Madrid
desde hace horas. —La mirada de Carmen es retadora. Lucha por contener las
lágrimas.
—He seguido trabajando después en la casa de un torero. Los clientes
han continuado allí la fiesta. Es donde saco más dinero. Ya te lo he explicado.
Estoy luchando por los dos, por nuestro futuro. —Se acerca a su mujer y la abraza.
Ella mantiene los brazos pegados al cuerpo en señal de defensa.
—Dentro de poco tendrás que luchar por tres. Y vamos a necesitar algo más que dinero.
***
Por encima de las vitrinas repletas de botellas de mil licores se
amontonan fotos en blanco y negro. Reconozco a Hemingway, Orson Welles y Gregory
Peck. La bebida no distingue oficios ni nacionalidades, siempre que no haya que
madrugar al día siguiente.
Me dirijo a los servicios antes de abandonar el bar. El pasillo está también
forrado con instantáneas de su época gloriosa. No reconozco a nadie. Han
reservado este espacio menos glamuroso a los personajes de segunda o tercera
fila. Una foto llama mi atención. Un joven camarero posa detrás de la barra
sosteniendo una coctelera. El brillo de sus ojos y su sonrisa irradian
felicidad. Miro a ambos lados y descuelgo el pequeño retrato. En el aseo
desmonto el marco y escondo la foto debajo de mi cazadora. Mi novela ha
encontrado su portada.
Me encanta el argumento. ¡ Yo querría más!
ResponderEliminarMuchas gracias, Cris! Quizá tengas que esperar a la novela
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