Historias de amor en la penumbra
«El día que descubrí que mi mujer me era infiel se me vino el
mundo encima. Fue como recibir un derechazo en la mandíbula con la guardia
baja. No lo vi venir. Quedé noqueado sobre una lona de amargura.
»Me levanté antes de que sonara la campana, dispuesto a
proseguir el combate. Siempre he sido un luchador.
»Al principio no tenía claro quién era mi adversario, hacia
dónde dirigir mis puños. Cuando volví a ver a mi esposa esa misma noche en casa,
durante la cena, lo tuve claro. Mi enemigo era su amante. Debía tumbarlo, ganar
la pelea y recuperar un amor que sería mío para siempre».
—¡Marcos,
cariño, ven a darte un baño! El agua está estupenda.
La llamada
de Carmen desde la orilla le devuelve a la tierra. Deja el libro sobre la
toalla y contempla la figura de su amada radiante bajo el sol.
Se siente
feliz, casi en el paraíso. No la hace esperar. Se zambulle con ella en las
aguas turquesas de la isla donde se han escapado.
«Barajé contratar a un detective privado. Lo pensé mejor y
decidí seguirlos personalmente. Había encontrado un nuevo propósito en mi vida.
»Él era un compañero de su oficina. ¡Qué poco original! Ella
se inventaba viajes de trabajo o convenciones para pasar noches juntos en un
hotel discreto de la ciudad. Yo simulaba que no me enteraba de nada. La miraba
a los ojos sonriendo cuando se despedía de mí, agarrada a su maleta de cabina.
Le decía que la iba a echar de menos. Ella no tenía sospecha alguna.
»Esperaba a que saliera del trabajo y la seguía hasta un
pequeño restaurante donde se reunía con su nuevo enamorado. Siempre el mismo.
Siempre la misma mesa, alejada de la entrada. Después se iban caminando al
hotel, con sus brazos entrelazados como dos adolescentes.
»En algunas ocasiones viajaban de verdad. No con la excusa
del trabajo. Pasaban fines de semana juntos. Ella me mentía diciendo que habían
quedado varias compañeras del colegio a rememorar viejos tiempos. Ella no es de
Madrid, por lo que apenas conozco a sus amigas de la infancia. En realidad, se
escapaban los dos a una pequeña casa rural perdida entre las dehesas
extremeñas. ¡Cuántas veces he contemplado con ellos el cielo estrellado!».
Marcos se
siente atónito mientras mira nuevamente la portada. «¡No puede ser verdad!»
Vuelve a leer las últimas páginas con detenimiento. «¡Debe ser una casualidad!
¡Llevo un rato leyendo mi propia historia!» Es su relación secreta con Carmen.
Con todo lujo de detalles. Un sudor frío recorre su cuerpo.
Busca alguna
referencia del libro en internet. Hay dos obras con el mismo título, Historias
de amor en la penumbra, pero sus temáticas no concuerdan con el ejemplar
que tiene entre las manos. Lo intenta con el autor. También en vano.
Es un libro
de relatos breves. Está enfrascado con el primero, que es el que ha despertado su
asombro. Lo encontró por casualidad en la estantería del salón del hotelito
donde se alojan. Había olvidado meter un libro propio en la maleta. Para Marcos
no hay mayor placer que la lectura bajo una sombrilla escuchando el sonido de
las olas. Le atrajo su título y que fueran cuentos cortos. No tenía tiempo para
una novela larga e interminable.
Busca al
propietario del hotel. Un alemán de edad similar a la suya, afincado en la isla
desde su juventud. Lo encuentra en la terraza revisando papeles frente a su
ordenador portátil y una taza de café.
—Perdone,
Klaus. ¿Tiene idea de dónde ha salido este libro? ¿Lo ha comprado usted?
—Déjeme ver.
—Echa un vistazo fugaz a las tapas—. Ni idea. La mayoría de los libros que hay
en la casa eran de los propios huéspedes. Los abandonan una vez han acabado de
leerlos. No les compensa cargar con ellos de vuelta a casa. Cada vez se viaja
más ligero.
—Claro… Este
en concreto, ¿le suena haberlo visto antes? ¿O quién lo pudo dejar?
—No. No lo
había visto nunca. He comprobado a lo largo del tiempo que mis gustos
literarios distan mucho de los de mis clientes. No presto demasiada atención al
contenido de la librería.
—Ya me
imagino…
—¿Por qué
ese interés? Lléveselo si quiere. Nadie lo echará en falta. —El alemán esboza
una sonrisa y Marcos comprende que la conversación no le va a llevar más lejos.
«A veces sentía cierta empatía por mi
rival. Intentaba mirar por un instante a mi mujer con sus ojos. Una relación así
tiene su atractivo. La emoción de lo clandestino y lo prohibido. El compromiso
etéreo. Todo el tiempo compartido es de calidad. La rutina y el tedio que
arruinan tantas historias de amor no tienen cabida. Es la sensación del cazador
furtivo. ¿Acaso no hemos soñado todos en la infancia con vivir “aventuras”?».
»Pero mi plan tenía que seguir
adelante».
A medida que Marcos avanza por las hojas del libro su desasosiego
va en aumento. «Quienquiera que haya escrito estas páginas parece haber
habitado en mi interior». Nunca había sentido nada igual hacia una obra
literaria. Es una mezcla de fascinación y pánico a partes iguales. Alguien está
jugando con él como si fuera una marioneta. No acaba de entender qué está
pasando. No puede parar de leer. Quiere conocer el desenlace.
—Marcos, llevo media hora esperándote. ¿No habíamos quedado
en dar un paseo antes de cenar? Ya no vamos a llegar a ver la puesta de sol.
Duda si ponerla al corriente de la situación. Compartirla con
ella aliviaría sus preocupaciones. Decide no contarle nada de momento. No quiere
arruinar este viaje tan esperado.
—Perdona, mi amor. Se me fue el santo al cielo. Esta isla me
hace perder la noción del tiempo. Tardo un minuto.
—A ver si es verdad. Llevas toda la tarde enganchado a ese
libro. No me has hecho ni caso. Parece que he venido sola. Ya me dirás de qué
trata.
Cierra el libro con desgana. Está impaciente por retomar su
lectura antes de acostarse. No quiere que Carmen note su agitación.
Vuelven paseando al hotel después de lo que debería haber
sido una cena romántica. Marcos no consigue quitarse el libro de la cabeza.
Carmen se ha percatado de sus desconexiones. Él ha pedido la cuenta entre
reproches. «Lo mejor será dejar la lectura hasta mañana, tras mi sesión de
natación matutina. Esta noche no está el horno para bollos».
A la mañana siguiente una pareja de turistas divisa un cuerpo
inerte flotando a veinte metros de la orilla. Media hora después, dos agentes
de la guardia civil comunican a Carmen el fatal desenlace.
«Fui a recoger a mi mujer al
aeropuerto. Su cara la delataba. Estaba demacrada y los surcos en sus ojos
denotaban ríos de lágrimas incontenidas. Me dijo que había tenido una discusión
fuerte con sus amigas y que no creía que volvieran a organizar este tipo de
viajes. No quise acosarla con más preguntas y acepté sus explicaciones.
»Me dijo que quería pasar más tiempo
conmigo. Sentía que había descuidado nuestra relación y no me había dedicado el
tiempo que yo merecía.
»Había recuperado su amor. Nunca lo
dejaría escapar. Había ganado el combate derribando a mi enemigo. Ella sería
mía para siempre».
Klaus cierra el libro y vuelve a fijarse en la portada: Historias
de amor en la penumbra. La ilustración muestra dos siluetas abrazadas difuminadas,
bañadas por la luz que se filtra a través de una persiana entreabierta. Los
relatos que siguen le parecen convencionales. Es el primero el que ha despertado
su curiosidad. Nunca había oído el nombre del autor.
Se lo encontró en la habitación del huésped ahogado. Está
seguro de que es el mismo sobre el que le inquirió de forma tan insistente el
día anterior a la tragedia.
Deposita el libro en la estantería del salón, junto con el
resto de ejemplares abandonados por los clientes. Seguro que encontrará nuevos
lectores. El tomo contiguo se desliza y cae al suelo. Lo recoge para devolverlo
a su sitio. Le llama la atención que también sea una recopilación de relatos. Hojea las primeras páginas. Lo que lee le
suena familiar. ¡Es el mismo texto que acaba de leer hace unos minutos! El
título y la portada nada tienen que ver.
Escoge otro volumen al azar. El relato inicial es idéntico. Lo
mismo pasa con todos los que pueblan los estantes.
Un instante después descuelga el teléfono y marca el número
de la policía.
Menudo final Jorge!! No me pierdo ninguno de tus relatos, Enhorabuena! un abrazo fuerte
ResponderEliminarMuchas gracias, Lalo! Espero no defraudar con los siguientes
EliminarEspectacular Jorge!!! No puedo hacer otra cosa que alentarte a seguir con esta afición....y claro, esperar el próximo relato. Felicitaciones!
ResponderEliminarMuchas gracias, Gabriel!
Eliminarvaya relato!! eso si es un plan maquivelico!!! Enhorabuena Jorge!
ResponderEliminarMuchas gracias, Antonio! Ya sabes que a veces la realidad supera a la ficción...
EliminarWow, qué final !!! Felicidades Jorge !
ResponderEliminarGracias, Elena! Espero que se haya entendido. Si no, cada cuál puede quedarse con su interpretación. Eso también es importante en la narrativa.
Eliminar